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miércoles, 7 de enero de 2015

La nueva moda antiestrés: el orgasmo cerebral


Si a alguien le preguntan qué es la respuesta sensorial meridiana autónoma (ASMR, por sus siglas en inglés) seguramente se quedará en blanco. Conscientes de ello, quienes se están haciendo eco de este nuevo fenómeno no han tardado en rebautizarlo como “orgasmo cerebral”, nombre evocador donde los haya que facilita imaginar en qué consiste: “Es una sensación agradable, como unhormigueo que se desplaza sobre el cuero cabelludo o en otras partes del cuerpo, en respuesta a estímulos auditivos, visuales u olfativos”. O, por lo menos, así lo describe la periodista Stephanie Fairyington en un artículo del New York Times.

 

Para encontrar la fuente de estos placeres no hay que esforzarse demasiado: basta buscar en YouTube vídeos con la etiqueta ASMR, donde aparecen mujeres susurrando, doblando toallas, tamborileando con los dedos, desenvolviendo un regalo o realizando cualquier tarea banal de forma repetitiva durante un mínimo de veinte minutos. Aunque en ocasiones la sesión supera la hora de duración.

 

Por absurda que pueda sonar la idea de contemplar este tipo de escenas, el fenómeno gana adeptos. La anfitriona más popular es Maria, alias GentleWhispering, que creó su canal en febrero de 2011. Desde entonces, el número de visitantes ha crecido exponencialmente: va por 85 millones de visualizaciones y 300.000 suscriptores. Tampoco se queda corto el canal de Heather Feather, otro de los más populares con casi 37 millones de visitas y más de 180.000 adeptos.

 

¿Terapia eficaz o chorrada para ultramodernos? Las opiniones son dispares. Brad Schmidt, director de la Unidad de Ansiedad y Salud Mental del Departamento de Psicología de la Universidad de Florida, responde a la pregunta de si cree que las susurradoras pueden abrir nuevas vías terapéuticas con un rotundo “no”.

 

Por el contrario, el profesor Roumen Kirov, del Instituto de Neurobiología de la Academia de Ciencias de Bulgaria, está a favor de explorar el ASMR desde el punto de vista clínico. “En mi opinión, debería hacerse abordando cuestiones teóricas, como el principio de laenergía libre, la codificación predictiva –procesamiento neuronal de la información que se adelanta a los estímulos visuales– y el sueño lúcido”, indica este experto en neurodinámica.

lunes, 6 de octubre de 2014

Nobel de Medicina para los padres del 'GPS cerebral'

John O’Keefe y el matrimonio May-Britt Moser y Edvard Moser reciben el galardón por descubrir las células que nos ayudan a "saber dónde estamos y a dónde queremos ir"

Anuncio del Nobel de Medicina 2014 / REUTERS LIVE
Los investigadores John O’Keefe y el matrimonio May-Britt y Edvard Moser han recibido hoy el premio Nobel de Medicina por su descubrimiento de las células que constituyen un sistema de posicionamiento en el cerebro humano.
El trabajo de los tres investigadores desvela las células que nos ayudan a “saber dónde estamos y a dónde queremos ir”, según ha resumido hoy uno de los miembros del Comité que otorga cada año el premio. El neurocientífico británico-estadounidense O'Keefe recibe la mitad del premio y los noruegos May-Britt y Edvard Moser, marido y mujer, comparten la otra mitad del galardón. Se trata del quinto matrimonio que comparte este prestigioso galardón.
Los premiados han descubierto "nuestro GPS" interno dentro del cerebro y demostrado la estructura detallada a nivel celular que es la base de funciones cognitivas complejas en el cerebro, ha dicho el Comité del Nobel en el comunicado de anuncio del Premio.
John O'Keefe descurbió en 1971 un tipo de células nerviosas que se activaban alternativamente cuando una rata estaba en uno u otro punto de una jaula. Se trataba de las primeras células cerebrales de posicionamiento que se descubrían y se encargaban de hacer un "mapa de la habitación". Esas células se encontraban en el hipocampo, la región del cerebro que recibe su nombre por tener forma de caballito de mar. O'keefe es profesor de neruciencia cognitiva y trabaja en el  University College de Londres.
En 2005 el matrimonio Moser descubrió otro componente del GPS cerebral. Se trataba de las "células de red", un sista inyterconectado de neuonas que se encargan que establecen el posicionamiento y nos ayudan a encontrar un camino determinado. Edvard y May-BrittMoser, que actualmente  trabajan en la Universiadd Noruega de Ciencia y Tecnología, también mostraron cómo las células de lugar descritas por O'Keefe y las de red se compenetran para determinar la posición y ayudar al individuo a orientarse.
Los descubrimientos de estos tres investigadores, han dicho los responsablñes del premio, ha ayudado a responder una pregunta que ocupó los cerebro de los filósofos y científicos durante siglos: ¿Cómo el cerebro crea un mapa del espacio que nos rodea y cómo nos ayuda a movernos por un entorno complejo?
Los hallazgos de los tres Nobel se hicieron en animales, pero más recientemente también se han descubierto pruebas de un sistema similar en el cerebro humano. Gracias a las nuevas técnicas de imagen cerebral y también al estudiar pacientes que necesitaban cirugía en el encéfalo, se demostrado que nuestro cerebro también tiene esas células de lugar y de red que componen un GPS interno. Las células de red descubiertas por los Moser se encuentran en otra zona del cerebro conocida como la corteza entorrinal y que se comunica con el hipocampo. En los enfermos de alzhéimer estas son ddos de las áreas del encéfalo que primero sufren daños y por eso los pacientes tienen problemas para orientarse y llegan a perderse. El estudio de estas redes cerebrales, dice la Academia, puede ayudar a explicar cómo es5ta enfermedad causa la "devastadora pérdidad de memoria" que la caracteriza.
El descubrimiento del posicionamiento en el cerebro supone "un cambio de paradigma" para entender cómo un grupo de células especiealizadas se encargan ed tareas cognitivas complejas y abre una vía para entender la memoria, el pensamiento y nuestra capacidad de planear, ha dicho el comité del Nobel.

viernes, 3 de octubre de 2014

La curiosidad pone al cerebro en modo aprendizaje

Un estudio demuestra que la expectación aumenta la actividad en el hipocampo, para facilitar la memorización

La curiosidad pone al cerebro en modo aprendizaje
FOTOLIA
Cuando tenemos interés en algo, es más facil aprender y recordar
¿Por qué cuando leemos una novela somos capaces de memorizar sin esfuerzo los pormenores del argumento y cuando tenemos que estudiar nos cuesta más recordar los datos? La respuesta podría estar en la curiosidad.
Un artículo que publica la revista Neuron asegura que la expectación que nos genera un tema pone al cerebro en un estado que nos permite aprender y retener cualquier clase de información relacionada o no. En este estado, como si se tratara de un sumidero, el cerebro no sólo absorbe lo que nos interesa sino que “succiona” además todos los datos que rodean a la materia de nuestro interés.
Además tener curiosidad por algo activa el sistema de recompensa del cerebro y se moviliza la dopamina, un neurotransmisor que nos lleva a lograr objetivos. El hipocampo, fundamental en la formación de la memoria, también se beneficia de nuestra expectación y se activa más cuando mostramos interés.
El tándem sistema de recompensa-hipocampo hace al cerebro más receptivo para aprender y retener información, incluso si esa información no es de particular interés o importancia. Es precisamente esa curiosidad que de forma natural surge cuando nos sumergimos en una novela u otro tipo de lectura, la que nos lleva a recordar hasta los más pequeños detalles y nos permite seguir el argumento. Un truco que podremos aprovechar cuando tengamos que aprender por obligación.
En definitiva, aseguran los autores del trabajo, cuanto mayor es nuestra curiosidad por un tema, más fácil es aprender o retener información al respecto. Algo que todos hemos experimentado y que ahora la neurociencia puede explicar. Y que puede ser muy útil a los docentes para poner el cerebro de sus alumnos en un estado de curiosidad que les permita asimilar mejor los conocimientos que imparten.

Jugar al trivial

Para llegar a estas conclusiones, los investigadores sometieron a los voluntarios a una fase previa para medir su curiosidad. Para ello les hacían preguntas del trivial y les pedían que puntuaran en una escala de 0 a 6 su probabilidad de conocer la respuesta. A continuación les pedían que midieran, puntuando en la misma escala, su curiosidad por saber la respuesta correcta. Se utilizaron una serie de preguntas a las que los voluntarios no sabían responder y en las que habían admitido tener una alta o baja curiosidad por conocer la solución.
En una segunda fase les iban planteando las preguntas y tenían que esperar 14 segundos para conocer las respuestas. Aunque los voluntarios no lo sabían, este tiempo de demora estaba calculado para llevar a cabo parte del estudio. En ese intervalo de 14 segundos en ocasiones les presentaban una imagen de un rostro que no expresaba ninguna emoción y se les pedía que emitieran un juicio sobre ella. Al cabo de los 14 segundos, podían conocer la respuesta a la pregunta planteada.
Posteriormente, los participantes realizaron un “examen sorpresa”, del que no les habían informado, para ver su capacidad de reconocer las caras que previamente habían visto, seguido de una prueba de memoria para las respuestas a las preguntas del trivial que les habían facilitado. Además, en algunos momentos del estudio, los participantes fueron sometidos a una resonancia magnética funcional para ver la respuesta de su cerebro.

Tres hallazgos

El estudio reveló tres hallazgos principales. En primer lugar, y como se esperaba, cuando los participantes tenían mucha curiosidad por conocer la respuesta a una pregunta, eran mejores en el aprendizaje de esa información. Pero más sorprendente, sin embargo, fue que una vez que se despertó su curiosidad, mostraron un mejor aprendizaje de la información que no estaba relacionada con la respuesta, y también eran mejores en el reconocimiento de las caras que previamente les habían mostrado, en las que no tenían ninguna curiosidad. Además, también fueron capaces de retener mejor la información aprendida durante este estado de curiosidad aunque el retraso para conocer la respuesta fuera de 24 horas.
En segundo lugar, los investigadores encontraron que cuando se estimula la curiosidad, hay una mayor actividad en el circuito de recompensa cerebral. "Hemos demostrado que la motivación intrínseca en realidad recluta las mismas áreas del cerebro que están fuertemente involucradas en la motivación extrínseca tangible", como la obtención de un premio, explica el autor principal, Matthias Gruber, de la Universidad de California en Davis Este circuito de recompensa depende de la dopamina, un mensajero químico que transmite mensajes entre las neuronas.
En tercer lugar, el equipo descubrió que en el aprendizaje motivado por la curiosidad hubo una mayor actividad en el hipocampo, una región del cerebro que es importante para la formación de nuevos recuerdos, y también vieron un aumento en las interacciones entre el hipocampo y el circuito de recompensa. "La curiosidad recluta el sistema de recompensa, y las interacciones entre el sistema de recompensa y el hipocampo parecen poner el cerebro en un estado en el que tiene más probabilidades de aprender y retener información, aunque esa información no sea de especial interés o importancia," explica el investigador principal Charan Ranganath.
El trabajo, aseguran los autores, podría tener implicaciones clínicas también. Los circuitos cerebrales que dependen de la dopamina tienden a estar menos activos en las personas mayores o en personas con enfermedades neurológicas. Comprender la relación entre la motivación y la memoria, podría estimular nuevos esfuerzos para mejorar la memoria en los ancianos sanos y para desarrollar nuevos enfoques para el tratamiento de pacientes con trastornos que afectan la memoria. Y en las aulas o en el trabajo, el aprendizaje de materias aburrida podría mejorar si los docentes son capaces de aprovechar el poder de la curiosidad en los estudiantes y de los trabajadores.

jueves, 18 de septiembre de 2014

Así Procesa El Miedo El Cerebro


Un novedoso estudio muestra la reacción emocional que el miedo provoca en las personas, ya sea positiva o negativa. Se trata de la primera vez que un trabajo de investigación identifica un marcador electrofisiológico del miedo en el cerebro, esto es, la manera en la que nuestro cerebro procesa esta emoción.

 

El experimento, llevado a cabo por científicos del Centro de Salud Mental de la Universidad de Texas en Dallas (EEUU), contó con la participación de 26 adultos (19 mujeres y 7 hombres) con edades comprendidas entre los 19 y los 30 años. A todos ellos les mostraron 224 imágenes al azar, entre las que se encontraban imágenes reales (divididas en imágenes de peligro y situaciones agradables) e imágenes irreales sin ningún elemento distinguible. Utilizando la electroencefalografía en el transcurso del experimento, se pidió a los participantes que apretaran un botón con el dedo índice derecho cuando vieran una foto real y que presionaran otro botón con el dedo medio derecho cuando vieran fotos irreales.

 

“Sabemos que los grupos de neuronas se disparan dentro y fuera para crear una frecuencia y el patrón que diga a otras áreas del cerebro qué hacer. Mediante la identificación de estos ritmos, podemos correlacionarlos con una unidad cognitiva como el miedo”, afirma John Hart, Jr., coautor del estudio.

 

Los resultados del electroencefalograma revelaron quelas imágenes amenazantes provocaban un aumento precoz de actividad de ondas theta del lóbulo occipital (el área del cerebro donde se procesa la información visual), seguido de un aumento posterior de actividad theta en el lóbulo frontal (donde se producen las funciones mentales superiores tales como la toma de decisiones y la planificación). De la misma forma,también se identificó un aumento en las ondas betarelacionadas con el comportamiento motor.

 

“Hemos sabido durante mucho tiempo que el cerebro da prioridad a la información amenazante sobre otros procesos cognitivos. Estos resultados nos muestran cómo sucede esto. La actividad de las ondas theta se inicia en la parte posterior del cerebro, en el centro del control emocional, en este caso el miedo - la amígdala, - y luego interactúa con el centro de memoria del cerebro - el hipocampo - antes de viajar al lóbulo frontal, donde se encuentran las áreas de procesamiento de pensamientos. Al mismo tiempo, la actividad de ondas beta indica que la corteza motora calienta motores en el caso de que las piernas, por ejemplo, necesiten moverse para evitar la amenaza percibida”, resume Bambi DeLaRosa, líder del estudio publicado en la revista Brain and Cognition.

http://m.muyinteresante.es/ciencia/articulo/asi-procesa-el-miedo-el-cerebro-601410864109