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lunes, 13 de octubre de 2014

La justicia investigará si el contagio es un delito contra la seguridad laboral


EL PAÍS TV
La justicia investigará si en el contagio de la auxiliar de enfermería Teresa Romero se ha producido un delito contra la seguridad en el trabajo por parte de los responsables de Sanidad. Sindicatos como Comisiones Obreras y UGT y entidades sectoriales como la Asociación Madrileña de Enfermería han presentado ya denuncias, algunas de ellas previas al contagio, ante la Fiscalía, los juzgados y la Inspección de trabajo. El fiscal superior de Madrid, Manuel Moix, ha abierto una investigación.
La última denuncia ha sido la del Sindicato de Auxiliares de Enfermería (SAE). En ella se hace hincapié en que las normas de salud laboral prevalecen sobre los protocolos que se hubieran elaborado para el caso del ébola. Las normas de seguridad e higiene en el trabajo son especialmente precisas en ambientes con riesgo biológico como en el que se desenvolvía Teresa Romero, precisa la portavoz del sindicato, Isabel Lozano.
La investigación deberá determinar si las autoridades sanitarias han podido cometer alguna de las infracciones descritas en el artículo 316 del Código Penal. La posibilidad de que se haya producido este delito se basa en el principio de que los responsables de los trabajadores (en este caso la Administración sanitaria) están obligados a proporcionar medios materiales y de formación. El delito se puede cometer incluso en el caso de que la víctima haya incurrido en un descuido, o en el caso más extremo, una imprudencia, según fuentes jurídicas.

Normas básicas

El artículo 316 del Código Penal castiga con penas de prisión de seis meses a tres años y multa a “los que con infracción de normas de prevención de riesgos laborales y estando legalmente obligados no faciliten medios necesarios para que los trabajadores desempeñen su actividad con las medidas de seguridad e higiene adecuadas, de forma que pongan así en peligro grave su vida, salud o integridad física”.
Ley de Prevención de Riesgos: “La efectividad de medidas preventivas deberá prever distracciones o imprudencias no temerarias del trabajador”.
Existe un deber de protección hacia los trabajadores por parte de sus responsables para cuyo cumplimiento es necesario dotar al trabajador de una información sobre los posibles riesgos que puedan afectarle. “Nos dieron información, no formación”, asegura la portavoz de SAE.
La jurisprudencia es abundante. El Tribunal Supremo estableció en una sentencia de 2001 que “es un principio definitivamente adquirido en el ámbito de las relaciones laborales el de la protección del trabajador frente a sus propias imprudencias profesionales”. Asegura que este “principio de desconfianza” debe establecerse en todos los accidentes laborales. Este principio de desconfianza obliga a que el responsable deba prever el comportamiento descuidado del trabajador e incrementar en consecuencia, las medidas de seguridad y vigilancia. Es decir, que, aunque se demostrara imprudencia de la trabajadora, podría haber delito de los responsables.
La doctrina ha ido delimitando el alcance de la expresión “medios materiales”. En ellos se incluye no sólo la dotación de medios materiales sino también formación e información. Para el Supremo es equivalente tanto no facilitar los medios como el omitir un adecuado proceso de formación e información del trabajador. No es suficiente la mera puesta a disposición del material adecuado y necesario para su salud. Además, se exige una previa labor de formación, en la que se le instruya al empleado de los riesgos y de la forma de evitarlos, y que se le haga cumplir la reglamentación establecida para cada caso.
Según esos preceptos y la jurisprudencia de derecho laboral, las empresas (la Administración en este caso) tienen obligación de proporcionar esos medios y de formarles cuando haya un cambio en las funciones que desempeña. Esa obligación está prevista en el artículo 15 de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales, según la cual, las medidas de seguridad deben prever las distracciones o imprudencias no temerarias que pudiera cometer el trabajador. Hay muchas sentencias en ese sentido, confirmadas por el Supremo, que establecen que el artículo 316 del Código Penal “castiga no solo la omisión de medios materiales, sino también la infracción del deber de aplicación y de control en la ejecución y cumplimiento de las medidas de seguridad”.
En este caso, se entendería como tal si los responsables de ejecutar la seguridad no han tenido en cuenta dar cursos de formación para utilizar los trajes especiales, si no hay supervisores del proceso, si las cámaras no graban o cualquier otra de las circunstancias que se han dado en el caso de Teresa Romero. Completa esta posibilidad de actuación de la justicia una circular de la Fiscalía General del Estado sobre siniestrabilidad laboral que concluye que “de acuerdo con la constante doctrina del Tribunal Supremo, sólo con carácter excepcional la imprudencia del trabajador puede excluir la de los otros posibles intervinientes en la producción del resultado lesivo”.

"Tuvimos información, no formación"

La portavoz del Sindicato de Auxiliares de Enfermería, Isabel Lozano, anunciaba la presentación de una denuncia ante la Fiscalía del Tribunal Superior de Justicia de Madrid por entender que "en este proceso hay hechos constitutivos de delito. Hay unas normas de salud laboral específicas que se contradicen con la formación que se ha dado de forma chapucera".
Lozano pone en cuestión la versión de error humano por parte de Teresa Romero ya que "los compañeros tienen que ponerse tres guantes", dice refiriéndose al protocolo sobre el uso del traje de protección. "El protocolo exige que hubiera observadores, que están presentes para registrar cualquier incidencia que se produzca. Nos consta que existe ese registro del protocolo y no incluye nada", dice.
La situación en el hospital Carlos III es complicada. Falta personal y se está echando mano de sanitarios inscritos en la bolsa de trabajo. "Muchos están renunciando", asegura Lozano y menciona un caso de una persona a la que llamaron y la supervisora le asignó a la sexta planta, donde se encuentra ingresada la auxiliar infectada con el virus.

http://politica.elpais.com/politica/2014/10/10/actualidad/1412966037_109823.html

jueves, 9 de octubre de 2014

EE.UU.: Se registra la primera muerte por el ébola en el país

Thomas Eric Duncan, el primer estadounidense infectado de ébola en EE.UU., ha muerto, han confirmado los médicos del Hospital Presbiteriano de Salud de Texas.

Todo sobre este tema

El 2 de octubre se supo que el estadounidense Thomas Eric Duncan tenía el virus mortal del Ébola en Dallas, Texas (EE.UU.). Se informó de que cuatro familiares de Duncan se mantenían en cuarentena en casa y que habían estado en contacto con decenas de personas. 

"Con profunda tristeza y sincera decepción nos vemos obligados a informar de que Thomas Eric Duncan ha muerto esta mañana", reza el comunicado de las autoridades sanitarias de Texas. 

"El señor Duncan sufrió de una enfermedad insidiosa, el ébola. Luchó con valentía en esta batalla. A nuestros profesionales, los médicos y enfermeras, así como a toda la comunidad del Hospital Presbiteriano de Salud de Texas nos duele su muerte. Hemos ofrecido a la familia nuestro apoyo y condolencias en estos momentos difíciles", continúa.  

Thomas Eric Duncan llegó a Dallas desde Liberia el 20 de septiembre y al cabo de unos días sintió los síntomas de la enfermedad. En una de las primeras visitas al hospital los médicos le prescribieron antibióticos y lo mandaron a casa, aunque el enfermo había avisado de que acababa de regresar de África.  

Duncan, de 42 años, no fue hospitalizado hasta el 28 de septiembre. De acuerdo con las autoridades locales, unas 100 personas pudieron haber estado en contacto con el enfermo durante su estancia en Estados Unidos.  

El virus del Ébola continúa propagándose por África Occidental: hasta ahora los casos de infección se han registrado en Liberia, Sierra Leona, Guinea, Nigeria, la República Democrática del Congo y Senegal. Según datos hechos públicos el pasado tres de octubre por la Organización Mundial de la Salud, el número de muertes por ébola asciende a 3.431 personas y 7.470 personas están infectadas. Por el momento no existe una vacuna eficaz contra el virus.

http://actualidad.rt.com/actualidad/view/142788-eeuu-primera-muerte-ebola-texas-duncan

La ratio de contagio del ébola es inferior a la del sarampión o el VIH

Los biomátemáticos consideran "ínfimo" el riesgo de propagación en Madrid

Un número básico de reproducción indica la virulencia de un brote infeccioso

En el peor de los escenarios posibles, donde la auxiliar contagiada de ébola hubiera infectado a la veintena de personas con las que tuvo contacto, el brote en Madrid tiene escasísimas posibilidades de prosperar. Como recuerdan expertos en biomatemáticas, la ratio de contagio de este virus es de las más bajas de entre las enfermedades contagiosas. La tos ferina o el sarampión, por ejemplo, son hasta 10 veces más contagiosos. Eso sí, para estas sí hay cura.

Entre los expertos en enfermedades infecciosas hay un grupo que no se dedica a curarlas. De hecho, la mayoría ni siquiera son médicos. Son biólogos, matemáticos o estadísticos y lo suyo es aplicar las matemáticas a cada enfermedad contagiosa. Apenas tienen suficientes datos, intentan calcular el (R0) del brote. No es ninguna cifra mágica, es el llamado número básico de reproducción. Y con él se puede anticipar el alcance de una epidemia.

El matemático Klaus Dietz, del Instituto de Epidemiología Clínica de la Universidad de Tubinga (Alemania) lleva desde la década de los 70 estudiando la propagación de una enfermedad contagiosa con la ayuda de las matemáticas. Hace 20 años, en una obra básica sobre el (R0), definió esta cifra como "el número esperado de casos secundarios que una infección con un caso típico puede generar durante su periodo de infección en una población susceptible".

"El (R0) depende de tres parámetros", explica Dietz: "La ratio de contacto, es decir, el número de contactos por unidad de tiempo, la duración del periodo de infección y la probabilidad de infección por contacto. Esta probabilidad solo se puede estimar para determinadas infecciones, como las enfermedades de transmisión sexual o las provocadas por la picadura de un mosquito", recuerda. Pero, aún faltando alguno de los parámetros, "se puede determinar el (R0)", añade el investigador alemán.

Un infectado de ébola provoca de media dos infecciones antes de que se recupere o muera

Pues bien, con los datos recogidos hasta septiembre, biomatemáticos y estadísticos estadounidenses han calculado que el (R0) o ratio de contagio en los cuatro países del África Occidental afectado por el brote actual oscila entre el 1,4 y el 1,9. "Lo que significa que un caso localizado puede provocar hasta dos antes de que se recupere o muera", explica el matemático especializado en epidemiología de la Universidad Estatal de Arizona (Estados Unidos), Carlos Castillo-Chavez y coautor de estos cálculos, publicados en PLoS ONE hace unos días.

Junto a dos colegas, este investigador estimó que, para finales de septiembre, la cifra de nuevos casos de ébola llegaría hasta los 6.800. Según las últimas cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el total de infectados ya ha superado los 7.200, la mayoría en el último mes.

Comparado con el de otras enfermedades infecciosas, el ébola tiene un (R0) muy bajo. De las más importantes, solo la hepatitis C presenta un número básico de reproducción más bajo que el ébola. Otras con menor percepción social de riesgo, como el VIH o la gripe aviar, tienen ratios de infección que oscila entre el 3 y el 6.

Históricamente, las enfermedades humanas con mayor capacidad de contagio entre la población han sido el sarampión o la tos ferina, con un (R0) que podría llegar hasta el 18. Un infectado podría transmitir la enfermedad a una media de 18 personas antes de curarse. Un dato más: la terrible pandemia de gripe española de 1918, que acabó con la vida de entre 50 y 100 millones de personas, tuvo según estiman una ratio de contagio de 4.

En tiempos más recientes, la enfermedad más contagiosa fue el brote de encefalopatía espongiforme bovina. El mal de las vacas locasalcanzó un (R0) en sus primeros momentos de 12. Sin embargo, la intervención de las autoridades sanitarias británicas redujo la cifra hasta el 0,06.

Un enfermo de sarampión o tos ferina puede infectar a 18 personas y el VIH y la gripe española a cuatro

Este caso ilustra el carácter no estático de este número básico de reproducción. Son muchos los factores, entre ellos el temporal, que los biomatemáticos tienen que tener en cuenta. Por ejemplo, aunque el VIH es menos contagioso que el ébola, mientras el primero tiene un periodo de infección de muchos años, el segundo solo puede infectar durante las pocas semanas que el paciente con síntomas pelea con la enfermedad hasta que la vence o sucumbe.

El (R0) también es diferente en cada brote de una misma enfermedad, aunque dentro de unos umbrales mínimos y máximos. Otros elementos que intervienen en su estimación son el número inicial de infectados, el total de población de la zona afectada, si se trata de zonas aisladas o densamente pobladas o la rede de comunicaciones, que funcionan como vectores.

Pero el factor que más puede hacer varias esta ratio de contagio es el propio ser humano. Los números mostrados hasta aquí solo son ciertos en el caso de que no se haga nada para combatir la enfermedad. Como ilustra el caso de la encefalopatía espongiforme.

"Ínfimo" riesgo en Madrid

En 2004, después del brote de ébola del año anterior que afectó especialmente a la República Democrática del Congo, Castillo-Chavez y otros colegas calcularon el (R0) antes y después de que se aplicaran eficaces medidas de aislamiento y cuarentena. Del 1,89 se pasó al 0,66. Por debajo de 1, la tasa de contagio de la enfermedad es negativa y el brote acabó por desaparecer.

"El brote actual en África es ligeramente superior", reconoce el investigador estadounidense, pero aún confía en que las medidas tomadas por las autoridades rebajen la ratio.

Esa misma confianza es la que le hace descartar casi totalmente cualquier riesgo en el caso de Madrid. Ni siquiera se puede obtener un (R0) cuando solo se ha producido un único caso y los que estuvieron en contacto con la enfermera están controladas. "Estoy convencido de que España gestionará bien la situación, el riesgo es ínfimo", sostiene. De la misma opinión es el profesor Dietz. "No creo que la situación en Madrid sea preocupante ya que se han tomado las medidas apropiadas", dice.

http://elpais.com/m/elpais/2014/10/08/ciencia/1412767267_324704.html

miércoles, 8 de octubre de 2014

La enfermera infectada: “Creo que el fallo fue al quitarme el traje”

Teresa Romero explica a EL PAÍS por teléfono que ese fue el momento más crítico

El Carlos III habilita otra planta para futuros aislamientos por ébola

Teresa Romero Ramos estaba conectada al mundo a través de su teléfono móvil. Ayer atendió a EL PAÍS desde la habitación de aislamiento del Hospital Carlos III de Madrid en la que sigue ingresada desde que se confirmó que era la primera persona infectada por el virus de ébola en Europa. Al ser preguntada por su estado, respondió que está bien. “Bueno, bien es un decir”, matizó enseguida. “No sé ni yo lo que ha podido pasar”, comentó con un hilo de voz y muy despacio. Le da varias vueltas al asunto que intentan responder las autoridades sanitarias y sobre el que ayer hubo más de una declaración oficial. ¿Qué fue lo que provocó el contagio? “No lo sé. El fallo pudo ser al quitarme el traje, es el momento más crítico, pero no lo sé”, dice Romero.

La auxiliar, de 44 años, explicó que pasa las horas de aislamiento durmiendo y mirando el móvil. Tiene una televisión pero ni siquiera sabe si funciona. En la planta sexta continuaban anoche otras cinco personas en observación. Su marido, Javier Limón, considerado como un contacto de riesgo, y cuatro personas más están en investigación. Son un ingeniero que viajó desde Nigeria y dos enfermeras del equipo del Carlos III. A ellos se unió anoche Juan Manuel Parra, el médico del hospital de Alcorcón que atendió a Romero en Urgencias. Ninguno ha dado positivo por ébola ni tiene síntomas graves, pero ya nadie se arriesga. Una auxiliar que estuvo en observación fue dada de alta. Por si acaso, el hospital ha despejado otra planta para prepararse por si fuera necesario aislar a más personas sospechosas de estar infectadas.

Romero se mostró ayer “muy agradecida” con el personal que le atiende, que son sus propios compañeros. “Me dicen que mucho ánimo”, contó a este periódico antes de despedirse a mediodía: “Espero salir de esta, tengo que salir de esta”. Su teléfono permaneció apagado toda la tarde.

En declaraciones a Cuatro, la auxiliar aseguró que nadie le dijo que estaba infectada y que se enteró por la web de EL PAÍS. Admitió que no le contó a su doctora, que le atendió en el centro de salud, que había estado en contacto con infectados por el virus. Después, cuando empezó a encontrarse peor, llamó al 061 y una ambulancia acudió a por ella, para trasladarla al hospital de Alcorcón. “Los enfermeros que me trataron iban vestidos normales, sin protección”, comentó a la cadena de televisión.

La investigación puesta en marcha por el Ministerio de Sanidad y la Consejería de Salud de Madrid cree que ha encontrado la causa del contagio: que se rozó la cara con un guante contaminado. Se basan, indicó Fernando Simón, coordinador del centro de Alertas y Emergencias del ministerio, en las “entrevistas repetidas” a que se ha sometido a Romero. También se ha interrogado a todo el personal que participó en la atención a los dos misioneros repatriados, y a todo el equipo sanitario que ha estado en contacto con Romero. Después de varias de estas entrevistas, Romero recordó que se había “tocado la cara”.

Germán Ramírez, del servicio de Medicina Interna de la Unidad de Enfermedades Tropicales de La Paz-Carlos III, dijo ayer que él ha hablado en tres ocasiones con la enferma para repasar los movimientos que hizo en las dos ocasiones que tuvo contacto con el religioso García Viejo. Romero, según el sanitario, cree que pudo haberse contagiado cuando se tocó la cara con los guantes al quitarse el traje de protección, después de la primera visita. “Puede que no haya sido un error, sino un accidente”, añadió. También la subdirectora médica del hospital, Yolanda Fuentes, afirmó que este tipo de maniobras pueden pasar inadvertidas y que fue ayer cuando la auxiliar comentó lo ocurrido. Simón también opinó que pudo haber un movimiento reflejo.

Estos interrogatorios son la única herramienta que ha podido usar el comité investigador. Las cámaras de la habitación que ocuparon los dos sacerdotes fallecidos por ébola eran para ver su interior pero no grababan, indicó Simón.

Los resultados de la investigación no están cerrados y hay aspectos aún sin aclarar. Se confirma que Teresa Romero llamó a Riesgos Laborales de su hospital el 30 de septiembre y el 2 de octubre por lo menos, aunque Simón admitió que probablemente hubo más llamadas. Esto se sabrá cuando se revisen las fichas de todas las intervenciones, que deben estar en el Carlos III.

El responsable de Sanidad aseguró que el personal que atendía ese teléfono era “profesional y preparado”. “Lleva desde agosto haciendo seguimiento del personal que había atendido a los pacientes con ébola”, explicó. Aún así, admitió que la persona que atendió la llamada del 2 de octubre de Romero diciendo que tenía fiebre y que se encontraba mal “quizá no tuvo suficientes reflejos” al aplicarle estrictamente el protocolo que indica que una persona solo está infectada si tiene una temperatura superior a 38,6 grados. Además, no se tuvo en cuenta que, tras acudir al ambulatorio el día 30, la mujer estaba tomando antipiréticos, lo que pudo “enmascarar su fiebre”, admitió Simón. Hay otro factor que pudo haber influido en este caso o en los futuros: que el teléfono de Riesgos Laborales solo funciona de 08.00 a 15.00. El resto del día no.

Precisamente, el hecho de que Romero no informase al Centro de Salud al que acudió que había estado en contacto con enfermos de ébola, llevó al consejero de Sanidad de Madrid, Javier Rodríguez, a acusar a la mujer de mentir. “Hoy ha reconocido un error al desvestirse del traje. Todo este tiempo lo negó sistemáticamente, como ocultó que había tratado a un enfermo de ébola”, dijo. Después matizó: “No la responsabilizo. Involuntariamente ha tenido un accidente. Bastante tiene con lo que tiene. No creo que sea una negligencia, igual hizo un gesto instintivamente que no valoro”.

Estas palabras llevaron ayer al Sindicato de Auxiliares de Enfermería a emitir un comunicado en el que afirman que no “puede admitir de ninguna manera las desafortunadas declaraciones del consejero, acusándola [a Romero] de mentir sin tener pruebas para ello. Un cargo público no puede hacer declaraciones basándose en apreciaciones subjetivas”, dijeron. También el Colegio de Enfermería mostró su apoyo a la enferma y recordó que no se la debe culpabilizar.

El sindicato de auxiliares sanitarios también puso en duda este supuesto incidente, ya que los supervisores que deben estar presentes durante el proceso de quitarse el traje de protección no registraron nada. Este hecho da alas a la opinión de algunas fuentes de que Romero pudo entrar en la habitación que había ocupado García Viejo sin supervisión.

La investigación de la comisión sanitaria no va a ser la única sobre el caso. La Fiscalía de la Audiencia Provincial de Madrid anunció ayer que ha abierto diligencias para determinar si existe infracción penal en las circunstancias del contagio. Así lo confirmó el fiscal jefe de Madrid, Manuel Moix. Eso “no significa que haya delito”, ha matizado.

http://elpais.com/m/politica/2014/10/08/actualidad/1412769972_972884.html

La enfermera infectada: “Creo que el fallo fue al quitarme el traje”

Teresa Romero explica a EL PAÍS por teléfono que ese fue el momento más crítico
Los médicos del Carlos III apuntan que pudo tocarse la cara al quitarse las protecciones
Con la voz muy cansada, Teresa Romero, la auxiliar de enfermería contagiada con el virus del Ébola, ha afirmado a EL PAÍS que el posible origen del contagio pudo estar en la manera en que se quitó el traje de protección tras acceder a la habitación del religioso Manuel García Viejo. "Creo que el fallo está en quitarse el traje. Lo veo como el momento más crítico, en el que pudo pasar, pero no lo sé seguro". De esta manera, Romero apunta, desde la habitación de aislamiento de la sexta planta del hospital público Carlos III de Madrid en la que fue ingresada la madrugada del martes, cuál pudo ser el fallo que provocó el contagio, después de atender al misionero, que falleció el 25 de septiembre. "Espero salir de esta, tengo que salir de esta", ha asegurado con un hilo de voz y esperanza. "Hoy no tengo fiebre, me encuentro algo mejor”, ha señalado la primera persona contagiada por ébola en Europa.
"Estoy bien, bueno, es un decir, estoy mejor", ha descrito la auxiliar de enfermería con 15 años de experiencia, que entró dos veces en la habitación del segundo fallecido por ébola. Una de ellas para atenderle y, en el segundo caso, para limpiar la estancia tras su fallecimiento. Aún así, hoy no tiene fiebre, tal como ha explicado ella misma que no ha querido dejar pasar la oportunidad de agradecer a sus compañeras el trato que está recibiendo. "Esto muy agradecida a las compañeras, me dicen que mucho ánimo".
Por su parte, Germán Ramírez, del servicio de Medicina Interna de la Unidad de Enfermedades Tropicales de La Paz-Carlos III, ha informado de que ha hablado en tres ocasiones con la enferma para repasar los movimientos que hizo en las dos ocasiones que tuvo contacto con el religioso García Viejo. Romero, según el sanitario, cree que pudo haberse contagiado cuando se tocó la cara con los guantes al quitarse el traje, después de la primera visita. "Puede que no haya sido un error, sino un accidente", ha añadido,informa J. J. Jiménez Gálvez. También la subdirectora médica del hospital, Yolanda Fuentes, ha afirmado que este tipo de maniobras pueden pasar inadvertidas y que ha sido hoy, miércoles, cuando la auxiliar ha comentado lo ocurrido.
Romero, auxiliar clínica de 44 años, con 15 años de experiencia y origen gallego, le da vueltas a qué pudo pasar en las dos veces que entró en la habitación de Manuel García Viejo, el segundo fallecido por ébola. Una de ellas para atenderle y, en el segundo caso, para limpiar la estancia tras su fallecimiento. “El fallo ha podido estar en quitarse el traje, lo veo como el momento más crítico, pero no lo sé”, explica. Pero concluye: “No sé ni yo lo que ha podido pasar”.
Los médicos que atienden a Teresa Romero han relatado a las puertas del hospital Carlos III la última versión de la contagiada del ébola sobre la posible vía de contagio del virus: el contacto de los guantes que usaba con su propia cara al quitarse el traje tras uno de los contactos con los misioneros enfermos a los que asistió.
Asegura que pasa las horas de aislamiento durmiendo y mirando el móvil, a través del que se ha puesto en contacto con EL PAÍS. Señala que no se entera “mucho” de lo que está pasando fuera. Cuenta que tiene una televisión en la habitación pero ni siquiera sabe si funciona. Teresa Romero está “muy agradecida” al personal que le atiende, sus propios compañeros de trabajo. “Me dicen que mucho ánimo”, añade. “Espero salir de esta, tengo que salir de esta”, se despide.
En declaraciones a Cuatro, la auxiliar de enfermería ha asegurado que nadie le dijo que estaba infectada y que se enteró por la web de EL PAÍS, a la que accedió desde su teléfono. Además, ha admitido que no le contó a su doctora, que le atendió en el centro de salud que había estado en contacto con infectados por el virus. Después, cuando empezó a encontrarse peor, llamó al 061 y una ambulancia acudió a por ella, para trasladarla al Hospital de Alcorcón. "Los enfermeros que me trataron iban vestidos normales, sin protección". Una vez ingresada, le preguntó al médico por el resultado: "No me lo quiso decir y yo ya sospeché", ha señalado.

martes, 7 de octubre de 2014

Una sanitaria de Madrid, primer contagio por ébola fuera de África

Se fue de vacaciones e hizo vida normal hasta que el día 30 avisó de que estaba con fiebre


Una auxiliar de enfermería española es el primer caso de contagio de ébola en Europa. La sanitaria formaba parte del equipo que atendió al misionero Manuel García Viejo, quien falleció de ébola el pasado 26 de septiembre en el hospital Carlos III de Madrid (actualmente adscrito a La Paz), y también a Miguel Pajares, fallecido el 12 de agosto. Los dos análisis efectuados a la mujer han dado positivo, según el Ministerio de Sanidad, cuyo gabinete de crisis se ha reunido esta tarde. Fue ella misma la que acudió al hospital de Alcorcón (170.000 habitantes, suroeste de Madrid) cuando sintió fiebre. Previamente, el pasado día 30, había alertado al servicio de riesgos laborales del hospital de que tenía fiebre. Sanidad ha asegurado que 30 personas se encuentran bajo vigilancia, y que todavía se está determinando las personas de su entorno familiar y personal con las que ha estado en contacto. De momento se ignora qué ha podido fallar y se está investigando cuál ha sido el mecanismo de infección.
La ministra Ana Mato, en una comparecencia extraordinaria ante los periodistas, ha asegurado que el protocolo de actuación fue "inmediatamente activado para atender a la paciente y garantizar la seguridad del personal sanitario que la atienda y de los ciudadanos". "Estamos trabajando para verificar la fuente de contagio", ha añadido la ministra. Ya ha comenzado el estudio de todos los contactos que haya tenido esta mujer, incluido los que haya tenido con los profesionales sanitarios del hospital de Alcorcón.La paciente, que se fue de vacaciones tras el fallecimiento de García Viejo, ha hecho vida normal durante las últimas semanas y no presenta más sintomatología que "la fiebre y un poco de astenia", ha afirmado el director atención primaria de la Comunidad de Madrid, Antonio Alemany. La paciente está con fiebre, de unos 38,6º, permanece estable y se encuentra a la espera de evaluación, según los responsables del Ministerio de Sanidad. "No tenemos constancia de ningún otro caso", ha añadido Alemany. Este ha agregado que aún se desconoce qué ha podido fallar, si realmente se han aplicado todos los protocolos para evitar contagios: "No sabemos aún qué ha podido fallar. Estamos investigando el mecanismo de infección".
La mujer está estable y presenta fiebre de 38,6º
La mujer está estable y presenta fiebre de 38,6º
Se trata del tercer caso de ébola tratado en España —los dos primeros fallecieron— y el primero en el que el paciente no es repatriado desde África ni es tratado en el hospital Carlos III de Madrid. La capital ya activó el protocolo en septiembre cuando un brasileño presentó síntomas inquietantes en la Estación Sur de autobuses.
Es una mujer de 40 años, casada y sin hijos, de origen gallego aunque lleva más de 15 años trabajando en el Carlos III, según otras sanitarias de ese centro consultadas por este periódico. Estas otras compañeras que, como la afectada, han estado trabajando en los turnos de cuidados de los misioneros, han mostrado su extrañeza por el contagio ya que las medidas de protección eran "extremas". Los sanitarios vestían dos monos de protección, dos pares de guantes y gafas cuando trataban a los pacientes.La paciente ingresó por la mañana con fiebres muy altas. Por eso el hospital activó el protocolo ante un posible caso de ébola y se halla aislada en urgencias. Un total de 60 profesionales sanitarios que han tenido contacto con la afectada están bajo vigilancia, según una portavoz del Sindicato de Enfermería.
El director atención primaria de la Comunidad de Madrid, Antonio Alemany, ha explicado en la rueda de prensa junto a Mato que la afectada entró en todo momento en la habitación de García Viejo con “equipo de protección” y que no se tiene constancia de que hubiera habido otro tipo de contacto. También ha explicado que la afectada se fue de vacaciones al día siguiente del fallecimiento de este misionero. "Ya se ha iniciado el estudio de todos los contactos que ha tenido esta paciente, incluyendo a los profesionales sanitarios del hospital de Alcorcón que la han atendido", ha añadido Alemany.
No sabemos qué ha podido fallar estamos investigando el mecanismo de infección
Las compañeras han explicado también, a las puertas del centro, que el hospital no se evacuó para atender al segundo misionero porque la sexta planta (la destinada a infecciosos) estaba ya sellada desde que se atendió al primer afectado. Para acceder a esa planta, los profesionales llevan una tarjeta específica.
El 12 de agosto murió el religioso Miguel Pajares y después lo hizo Manuel García Viejo, de 69 años, director clínico del hospital de Lunsar. Ambos eran miembros de la Orden de san Juan de Dios. Los fallecidos a causa del virus suman ya 3.338, según el último recuento oficial de la Organización Mundial de la Salud (OMS), con fecha 1 de octubre. Los países afectados, con 7.178 contagios registrados en total, son Guinea, Liberia, Nigeria, Senegal y Sierra Leona. Liberia roza ya los 2.000 muertos (un total de 1.998). Aunque la OMS reconoce que los cálculos podrían estar infraestimados.
Hasta ahora, todos los casos de ébola se habían infectado en África. Falta por saber si el liberiano ingresado en Texas ha contagiado a alguien durante el tiempo que tardó en ser ingresado después de que el hospital le mandara a casa la primera vez. Mientras eso se confirma, sería el primer caso no africano de ébola.

"Hasta que no haya ensayos clínicos no se sabrá la eficacia de esta terapia"

A la enfermera contagiada por el virus del ébola se le han empezado a aplicar varios tratamientos, entre ellos, el favipiravir, un fármaco experimental antiviral. A principios de este año, un equipo de investigadores de varias instituciones de investigación alemanas publicó un estudio en el que contaban cómo habían aplicado favipiravir a ratones infectados con Ébola. Todos los animales sobrevivieron.

Este fármaco, aprobado en Japón para ponerse a prueba con enfermos de gripe, ya se encuentra en la segunda fase de ensayos clínicos. Esto significa que ya se ha probado en un número importante de pacientes como para descartar, al menos en parte, que sea tóxico. "Lo que no se puede saber es el efecto que va a tener en una persona con ébola, porque no se han realizado ensayos clínicos en humanos y el resultado puede ser diferente", explica César Muñoz-Fontela, investigador principal del Laboratorio de Virus Emergentes del Instituto Heinrich Pette de Hamburgo (Alemania).

Además, hasta ahora la administración de este medicamento ha sido oral. "Los enfermos de ébola tienen una diarrea bastante fuerte y los médicos tendrán que considerar si los pacientes pueden aguantar este tipo de administración", continúa Muñoz-Fontela. Ahora, el laboratorio japonés que tiene la patente del antiviral, Toyama Chemical, está trabajando para que su administración también pueda ser intravenosa, pero esa vía aún no está disponible.

Otro de los aspectos que deberán considerar los médicos que vayan a aplicar el favipiravir a la enfermera infectada es que, por lo observado en ratones, las dosis necesarias para que el tratamiento sea efectivo son muy altas. "Esto significa que necesitas una cantidad de producto muy grande y que seguramente haya que poner varias dosis al día", explica Muñoz-Fontela.

Aunque el tratamiento funcione, el investigador español aclara que no se podrá saber si la terapia con este fármaco es eficaz hasta que se lleven a cabo ensayos clínicos controlados. Pasaría como con el suero Zmapp, que curó a algunos de los enfermos que lo recibieron, pero no a otros, y en ningún caso se sabe en qué medida el desenlace dependió del tratamiento. De momento, Muñoz-Fontela explica que están a la espera de poder comenzar a probar el antiviral con monos, un paso previo a dar el salto a humanos.

382 trabajadores sanitarios se han contagiado en este brote en África

La muerte a finales de julio de Sheik Umar Khan, uno de los mayores expertos en ébola de África, fue la confirmación de uno de los mayores dramas de los brotes de ébola: el personal dedicado a combatir la enfermedad es también una de sus víctimas más comunes. Desde que en diciembre de 2013 cayera enfermo en Guinea un niño de 2 años, este brote ha infectado a 382 médicos y enfermeros, matando a 216, según los últimos datos facilitados por la Organización Mundial de la Salud. Una cifra sin precedentes.
Este dato implica que los trabajadores sanitarios que, como la auxiliar de enfermería española, atienden a los enfermos de ébola suponen el 5% del total de infectados durante este brote (PDF). La situación es tan grave para el personal que combate al virus que uno de los principales apoyos que EEUU va a aportar en África Occidental es la creación de un hospital específico para médicos y sanitarios, que estarían atendidos por un equipo propio de 65 personas. Curar a los que curan es prioritario.
En otros brotes, los médicos llegaron a representar uno de cada cuatro infectados
Hay varios factores que ayudan a explicar la alta proporción de personal médico infectado, principalmente la escasez de equipo de protección personal o su uso inapropiado, poco personal médico mal preparado y la generosidad que les hace trabajar más de lo recomendable. Algunas infecciones documentadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS) han ocurrido cuando médicos no protegidos se apresuraron a ayudar a un paciente enfermo. En muchos casos, el personal médico no dispone siquiera de guantes y mascarillas.
Pero aunque sean expertos y tomen todas las medidas de control necesarias, el riesgo sigue siendo importante: “Temo por mi vida”, reconoció Khan antes de morir, “los trabajadores sanitarios somos candidatos a enfermar, ya que suponemos la primera escala para alguien que está enfermo. Incluso con el traje protector completo estás en riesgo”. Hasta este brote, nunca se había contagiado un trabajador de la OMS o de Médicos Sin Fronteras (MSF). A finales de agosto se infectaba por primera vez un médico de la OMS y a mediados de septiembre lo hacía una doctora de MSF, ya recuperada. Esta organización ha pasado de tener un historial limpio de infecciones a sufrir 16 contagios y 10 muertos entre su personal, algo impensable hasta ahora gracias a su correcta preparación y estrictos protocolos.
Ya el 1 de agosto, la directora de la OMS, Margaret Chan, advirtió de que el "brote está afectando a un gran número de médicos, enfermeras y otros trabajadores de la salud", unas infecciones y muertes que "erosionan significativamente la capacidad de respuesta". De hecho, los dos misioneros españoles muertos y la enfermera de Madrid se contagiaron atendiendo a enfermos en centros médicos.
Hasta este brote, ningún médico de la OMS o de MSF se había infectado. Esta ONG ya cuenta 16 contagios
Durante una de las mayores crisis de ébola, el brote que en 1995 mató a 250 personas en la República Democrática del Congo, se infectaron 80 miembros del personal sanitario, lo que implica que casi de cada cuatro de todos los enfermos era del personal dedicado a contener al virus. En el brote de 2000 en Uganda, se infectaron 31 sanitarios y murieron 17: el 7,5% del total de víctimas mortales de ese brote (224), una proporción similar a la que se vivía en agosto en la crisis actual y que se ha moderado con los meses.
El estudio de casos previos también ayuda a determinar los motivos de contagio entre trabajadores. En el caso de 1995, el personal enfermó de media de seis días después del contacto con el enfermo. Estos sanitarios que enfermaron habían tenido contacto directo con los pacientes durante un único día, similar al caso de la auxiliar de enfermería española. En Uganda, estudios posteriores mostraron que aunque el principio de aislamiento resultó útil, a veces dio una "falsa confianza" a los trabajadores que provocó contagios en descuidos.
En un país como Liberia, en el que contaban con un doctor por cada 100.000 habitantes antes del brote, un médico enfermo es una tragedia de incalculables proporciones. Por eso, la hoja de ruta de la OMS ya ha determinado que en caso de contar con vacunas a corto plazo se deberían usar con aquellos que están en la primera línea de fuego: el personal dedicado a salvar vidas.

El contagio solo se explica por “un fallo humano”

El tratamiento hospitalario de enfermos de ébola requiere seguir unos protocolos de seguridad bien establecidos y que son fundamentales para que el virus no pase las barreras de contención. Las normativas establecen tanto el aislamiento del paciente en una habitación individual como la necesidad de que todo el personal sanitario vista trajes de aislamiento que no dejen al descubierto ni el más mínimo resquicio de su cuerpo. En teoría, todas estas medidas estaban vigentes en el Hospital Carlos III de Madrid donde se atendió a los dos misioneros contagiados con ébola. Entonces, ¿qué ha fallado?
“Solo me puedo explicar este contagio por un error humano”, opina Luis Enjuanes, virólogo del CSIC y experto en algunos de los virus más peligrosos del planeta, como el SARS. "La gran ventaja que tiene el ébola es que no se transmite por el aire, por lo que si se usa el equipo adecuado y se establece el aislamiento requerido no tendría que haber ningún contagio”, comenta. “Es posible que la contagiada tocase algo de material biológico del enfermo, como heces u orina”, dice. “Ahora la situación se complica pues hay que aislar a todas las personas que estuvieron en contacto con la auxiliar infectada”, dice Enjuanes, que añade: "No tiene que haber más contagios si se siguen los protocolos y no falla ningún equipo de protección”.

"Riesgos" de la operación

Cuando saltó la noticia de la repatriación de Miguel Pajares, el primer misionero español infectado que fue traído a España,asociaciones médicas y sindicatos advirtieron de los “riesgos” que esto entrañaba, y llegaron a decir que ningún hospital madrileño estaba preparado para recibir a un paciente contagiado con el virus.
"Si se usa el equipo adecuado y se establece el aislamiento requerido no tendría que haber ningún contagio", dice Luis Enjuanes, virólogo del CSIC
Otros expertos en salud pública disienten. "Las instalaciones del Carlos III no son inferiores a otras y el problema no está relacionado con ellas", opina José María Martín-Moreno, catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Valencia y asesor de la Organización Mundial de la Salud. "Para atender casos de ébola no hace falta un hospital espectacular y hay que recordar que el índice de contagiosidad de este virus es menor que el del VIH/sida o el SARS [síndrome respiratorio grave y agudo]", asegura.
Los requisitos ante el ébola varían según el entorno en el que se vaya a manejar el virus. Para investigar con el virus vivo hace falta una instalación de máxima seguridad biológica conocida como BSL-4 (Nivel de Bioseguridad 4). En España no hay ninguna instalación de este tipo capaz de manejar virus humanos como el ébola o el virus marburg. Sí existen instalaciones de nivel 3 y 3+, donde las normativas permiten analizar muestras derivadas de pacientes infectados. La gran diferencia entre uno y otro es que en el nivel 4 el aire le llega a las personas del exterior a través de un tubo de respiración, y además se someten a unas duchas de desinfección antes de salir de la zona de aislamiento.
Este experto, que investiga las proteínas que envuelven al virus del ébola, señala que el primer contagio registrado en España “es una situación sin precedentes y que, evidentemente, ningún hospital ha estado entrenando a su personal cada tres meses para recibir un enfermo de ébola”. Pero, en su opinión, “no hay ninguna razón por la que no se puedan tratar a enfermos de ébola en hospitales de España”. Lo importante, dice, es “seguir un protocolo de actuación sistemático”, pues no se trata de medidas de contención “extraordinarias” si se las compara con dispositivos similares para contener el contagio de otras enfermedades. Enjuanes coincide. “Sí hay hospitales capaces de recibir a enfermos de ébola en España, lo importante es seguir el protocolo”.Otro asunto son las instalaciones sanitarias. En este caso, los hospitales siguen normativas derivadas de guías como la elaborada por el Centro de Control de Enfermedades de EEUU, explica Rafael Delgado, del Servicio de Microbiología del Hospital 12 de Octubre (Madrid). “Las medidas incluyen tener al paciente en una habitación aislada y con baño propio, el personal médico lleva equipo de protección con gafas, mascarillas, bata impermeable, etcétera y, sobre todo, se mantiene una estricta secuencia para vigilar un correcto vestido y desvestido de todo el personal y así impedir que el virus entre en contacto con personas sanas”, detalla Delgado. “Ahora lo que se está haciendo es revisar esos protocolos para saber qué pasó en el caso del Carlos III”, añade.

viernes, 3 de octubre de 2014

La tormenta perfecta que originó el sida

La pandemia surgió en Kinshasa alrededor de 1920

El crecimiento urbano, el 'boom' de los ferrocarriles y el comercio sexual se confabularon para propagar por África y el mundo el VIH


Un enfermo de sida en Mbanza-Ngungu (República Democrática del Congo) / C. G.
La reciente epidemia de ébola ha vuelto a traer a primer plano a los virus emergentes, agentes secretos llegados de otras especies para hacer una escabechina en la nuestra, aprovechándose de la virginidad del sistema inmune humano contra ellas. El sida, que ya ha infectado a 75 millones de personas, también fue un virus emergente procedente de los chimpancés en los años 20, lo que revela la importancia capital de comprender esos saltos entre especies y los factores que subyacen a su contagio entre los seres humanos. Y eso es exactamente lo que acaba de hacer un equipo dirigido por virólogos de Oxford y Lovania que incluye a científicos españoles.

El detalle histórico que alcanzan las nuevas técnicas matemáticas para reconstruir el pasado a partir desecuencias de ADN es asombroso. Los investigadores han logrado determinar que la pandemia surgió en Kinshasa, la capital de la República Democrática del Congo, alrededor de 1920, y que su propagación fue el producto de una “tormenta perfecta”, en su propia expresión. El crecimiento de Kinshasa y las demás ciudades congoleñas en esa época, la gran extensión de la red de ferrocarriles bajo la dominación colonial belga, el tráfico de trabajadoras sexuales y –ya en los años 60— la independencia del país se confabularon para propagar primero por África y después por todo el mundo una de las peores pandemias de la historia.
Los primeros casos de sida que registró la medicina se dieron en Estados Unidos en 1981, y dos años después se descubrió su agente causal, el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH). Pero pronto resultó obvio que la enfermedad llevaba mucho tiempo en África, y no exactamente en un estado latente, pues el virus estaba bien establecido en las poblaciones heterosexuales de África central y oriental. Esa historia profunda de la epidemia, simplemente, había permanecido oculta para la ciencia y sepultada bajo estratos de miseria en la zona más olvidada del planeta.
El estudio, que se publica hoy en Science, ha reconstruido la historia del HIV –en concreto de la cepa M, que es el subtipo que se propagó por toda África y el resto del mundo— con las sofisticadas técnicas matemáticas de la evolución molecular, basadas en la comparación de secuencias de ADN (o ARN, la molécula hermana que utiliza este virus para almacenar información genética). El principio es simple —los virus con secuencias parecidas tienen un origen común reciente, y cuanto menos parecidas más remoto es su parentesco—, pero han alcanzado en los últimos años una gran complejidad matemática. Los métodos estadísticos de este trabajo han sido desarrollados por los propios autores.

El virus estaba bien establecido en las poblaciones heterosexuales de África central y oriental
El salto del VIH de los primates a los humanos no es un fenómeno tan raro: ha ocurrido al menos 13 veces, que sepan los científicos. Solo uno de esos saltos, sin embargo, ha sido el responsable de la pandemia global, y ese es el virus que el nuevo trabajo ha podido trazar hasta Kinshasa alrededor de 1920. En las décadas siguientes a esa fecha ocurrió la tormenta perfecta.
La dispersión original del VIH ocurrió sobre todo desde Kinshasa hacia otros centros de población. Hacia 1937 se produjeron los primeros contagios en la ciudad vecina de Brazzaville (o más exactamente, los primeros en los que el virus responsable sobrevivió hasta que alguien tomó una muestra en tiempos recientes: esta es la limitación de la evolución molecular). También a finales de los años 30 había llegado a las localidades sureñas de Lubumbashi y Mbuji-Mayi, lo que concuerda con los datos históricos de transporte y con los movimientos de emigrantes desde Kinshasa hacia las otras ciudades. La dispersión siguió a Bwamanda (1946) y Kisangani (1953).
La principal ruta de transmisión fue el ferrocarril, con solo el 5% de los movimientos a través de la red fluvial. Los trenes del antiguo Congo Belga (después Zaire y aún después República Democrática del Congo) movían 300.000 pasajeros al año en 1922, y cerca de un millón en 1948. Las ciudades conectadas con Kinshasa por ferrocarril actuaron después como focos secundarios, desde donde el virus se propagó a los países vecinos.
“Consideramos probable que los cambios sociales asociados a la independencia, en 1960, causaran que el virus se escapara de los pequeños grupos de gente que había infectado típicamente hasta entonces, y pasara a propagarse por la población general africana, y finalmente por todo el planeta”, dice el primer autor del trabajo, Nuno Faria, del departamento de Zoología de la Universidad de Oxford.

El salto del VIH de los primates a los humanos no es un fenómeno tan raro: ha ocurrido al menos 13 veces
La contribución española ha venido del biólogo David Posada, un especialista en recombinación genética de la Universidad de Vigo. “Los datos se tomaron hace cinco años y han estado en un cajón hasta que los investigadores de Oxford han tenido tiempo de organizarlos en este artículo”, explica Posada. Su papel ha sido garantizar que la recombinación genética –un proceso que baraja los genes del virus, similar al que ocurre en nuestras gónadas cada generación— no ha sesgado los análisis estadísticos que trazan el virus a Kinshasa en 1920. “Las conclusiones son robustas”, asegura el biólogo, “aunque, desde luego, no extrapolables al ébola”.http://elpais.com/elpais/2014/10/03/ciencia/1412316854_881671.html